Jesús nos cura

 

La interpretación que nos ofrece la psicología profunda resulta muy adecuada para entender las historias de curaciones. Hoy los exégetas están de acuerdo en que Jesús curaba a los enfermos. Pero la cuestión es si hoy nosotros creemos realmente que Jesús es capaz de curarnos. Las historias de curación de la Biblia cobran un significado sanador recién cuando nosotros mismos nos vemos reflejados en aquellos enfermos, salimos al encuentro de Jesús como aquellos enfermos y nos exponemos a Él con nuestras llagas y heridas. Las enfermedades que cura Jesús son siempre enfermedades psicosomáticas: tienen algo que ver con nuestra psiquis. En el caso de los enfermos que aparecen en la Biblia se observa una somatización de actitudes psicológicas.

A veces padecemos los mismos síntomas físicos de las personas de esas historias de curación. Pero aún cuando parezcamos físicamente sanos, podemos percibir en nosotros las actitudes que se ilustran en las enfermedades bíblicas. Basta volver a escuchar el lenguaje popular que pinta nuestro propio estado con las imágenes de las enfermedades que Jesús cura: a menudo nos sentimos paralizados, bloqueados. No podemos salir de nosotros mismos. Estamos impedidos, encadenados por la parálisis. O estamos ciegos, tenemos puntos ciegos que sencillamente no percibimos. O bien cerramos los ojos ante la verdad de nosotros mismos, ante la verdad de nuestro mundo; ante quienes sufren, ante los pobres y enfermos que nos rodean. Somos sordos, no queremos oír, nos tapamos los oídos ante el ruido que nos rodea, pero también ante la crítica y la reprensión. Nos sentimos leprosos, no podemos soportarnos, nos sentimos excluidos, expuestos a las miradas de los demás. Estamos como muertos, muchas cosas han muerto en nosotros, se han endurecido, no tienen vida.
A. G.