Escucha atenta

En la moderna psicología grupal existe una regla para el diálogo que a muchas personas les cuesta entender. La regla dice más o menos así: “Escucha con atención indivisa al que te está hablando, y mientras él te hable, no pienses ya en tu respuesta.” Muchas personas no están de acuerdo con esta regla y dicen que es necesario pensar con tiempo la respuesta para poder decirla en cuanto acabe de hablar el interlocutor. Pero he aquí justamente la razón de por qué a la gente suele costarle tanto entenderse con los demás. Porque escucha sólo una parte de las palabras del otro. Se originan malos entendidos y se habla sin escuchar al otro. Pero cuando el que habla advierte que el otro lo escucha con tentación indivisa, se siente tomado en serio, surgiendo así una atmósfera de confianza sin la cual no puede entablarse ninguna conversación fecunda.

La conclusión a la que se arriba valorando la experiencia de la psicología grupal es exactamente lo que se sugiere en el plano de la fe cuando se toman en serio las palabras de san Benito: quien cuenta sinceramente con que, en todo ser humano, Cristo puede venir hacia él e interpelarlo, ese escuchará con toda atención. No se cerrará de entrada a las palabras del otro ni las contemplará a través de los cristales de sus prejuicios. Acogerá las palabras del otro incluso cuando le sean desagradables o lo hieran. Quien se esfuerce por amar estará dispuesto a dejarse herir y a sobrellevar al otro como una carga.

Hablar con amor significará entonces hablar sin agresividad, no pretender vengarse, ni ofender ni herir, tampoco hablar como ensayando tácticas o con segundas intenciones.
A. G.