Confianza curadora

Para aceptar al otro es necesario confiar en el núcleo positivo que hay en él. Se trata de una confianza que no se deja desalentar por la apariencia de lo contrario. Una antigua historia de monjes ilustra cómo un hermano mantiene la confianza en el núcleo positivo del otro a pesar de las experiencias negativas. Dos monjes fueron a la ciudad, para vender allí el producto de su trabajo. A la entrada de la ciudad se separaron para cumplir con su tarea.

Uno fue seducido por una mujer rica y pecó con ella. Le hizo saber entonces a su otro hermano que no debía esperarlo por más tiempo. Pero éste no quiso creerlo. Así pues al que le había informado sobre la caída de su hermano le dijo: “A Dios no le agrada que se digan tales cosas sobre mi muy respetable hermano.” Y rezó durante siete años por él, esperándolo en la plaza convenida, tanto en verano como en invierno, ayunando y llorando. Finalmente el hermano esperado le sale al encuentro, ataviado de ricos y finos vestidos, dándose a conocer como su compañero de entonces. Sin embargo el monje le dice: “No eres él; porque aquel era monje y tú eres un hombre de este mundo.” El monje seguía creyendo en el núcleo bueno del otro; se negaba a dejarse engañar por la apariencia del pecado. Y la fe le dio la razón: el otro abandonó su vida pecadora y regresó con él al monasterio.
Cristo está muy a menudo oculto en el otro porque no creemos en su presencia en él. Si creyésemos en ella, Cristo podría volver a ser visible en el otro. Nuestra fe puede descubrir la imagen de Cristo en el otro.
A. G.