Honrar más que reprender

 

Los monjes nos ofrecen diferentes medios para ejercitar la fe en la realidad de Cristo en el hermano. Uno de ellos consiste en procurar ver lo positivo en el otro mediante la alabanza. Así dice un Anciano: “Si quieres conocer a tu prójimo, has de honrarlo más que reprenderlo”.

En todo ser humano subyace un núcleo bueno. Pero a menudo éste se encuentra velado, no puede desarrollarse porque no es visto ni aceptado por los demás. Al alabar al prójimo desgarramos ese velo detrás del cual se esconde el núcleo bueno. Alabar al otro significa aceptarlo de una manera muy honda; no sólo aceptarlo superficialmente sino aceptarlo en su esencia verdadera. Por eso la aceptación del otro mediante la alabanza exige tener fe en lo bueno y valioso que hay en él; la fe de que Dios lo ha creado como un ser bueno y único, y que Cristo mismo está en él.

Quien por la alabanza de otro se sepa aceptado en lo más profundo, será recién entonces capaz de descubrir y desarrollar todas las cosas positivas que haya en él. Nuestra fe en las cosas valiosas que hay en el otro le posibilitará a éste la fe de que él vale algo, de que Cristo mismo está en él. Así pues para nosotros la alabanza es la condición para llegar a la realidad de Cristo en el prójimo y reconocerla traspasando el velo que la oculta. Y para el otro es una ayuda en la labor de desarrollarse de tal modo que su figura real salga a luz, que Cristo cobre figura en él.
A. G.