Unir los polos opuestos

 

Cada uno lleva dentro de sí una Marta y una María. Marta le hace reproches a María; quiere generarle sentimientos de culpa a la faceta contemplativa y receptiva que hay en nosotros, la faceta que primero quiere esperar y escuchar. Le echa en cara que hay mucho que hacer; que en este mundo nuestro tan plagado de desdichas no hay que derrochar tiempo en cosas inútiles; que no hay tiempo para estar sentado; que es hora de arremangarse y poner manos a la obra. Los reproches de Marta dentro de nosotros nos suenan plausibles. Necesitamos entonces al Señor, necesitamos la instancia del yo en nosotros que avente esos reproches, que los desenmascare como racionalizaciones.

Si se interpreta la historia en el plano subjetivo, se nos aparece como una bella imagen de nuestro estado interior y de una humanidad lograda. En los sueños la casa es siempre imagen de nuestra conciencia. En la casa de nuestra vida habitan Marta y María, dos polos existentes en nosotros que muy a menudo conviven pacíficamente, pero que entran en contradicción en cuanto aparece un forastero. No podemos reconciliarlos por nosotros mismos. Hace falta Cristo, hace falta la instancia del yo que una en nosotros esos polos que pujan por separarse. Esa unión acontece en el diálogo. Marta tiene que dialogar con María para poder comprenderla y aceptarla. Pero para ser fecundo, el diálogo ha de pasar a la vez por Cristo, por el yo. Porque sin Cristo, nuestro eje interior, los polos opuestos que hay en nosotros proseguirán en lucha.
A. G.