Tempestades vitales

 

La historia de la tormenta en el lago y de Jesús que camina sobre las aguas (Mt 14, 22 y ss.) describe nuestra senda por en medio de las tempestades de nuestra vida. Nuestra vida pasa naturalmente por crisis; se ve sacudida una y otra vez por tormentas interiores y exteriores. A veces soñamos con turbulencias interiores; soñamos que somos arrojados al mar o que estamos a la deriva en medio de un mar tormentoso. Jesús les manda a los discípulos que suban a la barca y vayan a la otra orilla. La barca es imagen del ego al cual nos sujetamos y aferramos. Nuestro derrotero va hacia la otra orilla. Tenemos que atravesar las aguas, una imagen del inconsciente por el que debemos pasar si queremos avanzar en nuestro camino interior. El agua puede ser también una imagen de la crisis, del aprieto, del miedo de perder la tierra firme.

Es de noche. En la noche afloran muchas cosas de nuestro inconsciente y entonces nos vemos expuestos a las tormentas interiores. Desaparece la tierra firme debajo de la superficie de una vida exitosa. Los discípulos y su barca son presa del fuerte oleaje. El viento contrario arrastra la barca de aquí para allá. Los discípulos tratan de remar por sí mismos; pero cuanto más reman, tanto más se ven en apuros. Nuestra primera reacción ante el desconcierto en que puede sumirnos el inconsciente, ante las crisis de nuestra vida, es apretar los dientes y pretender salir de las crisis remando por nuestras propias fuerzas. Pero no lo logramos. Cuanto más nos aferremos al ego y queramos llevarlo por en medio de las tormentas, tanto más nos veremos en apuros.

Es curioso el encuentro que se produce entre Jesús y sus discípulos. Los discípulos no lo reconocen; creen que es un fantasma. Si nos agarramos a nuestro ego, incluso el Salvador se nos aparecerá como una amenaza espectral.
A. G.