Calma definitiva

 

Cuando Jesús y Pedro volvieron a subir a la barca, el viento amainó. Una bella imagen para expresar la gestación del yo. Si me quedo solo en mi barca, por más que me esfuerce, me hundiré.

 

En mi camino por en medio de las aguas del inconsciente, de las crisis de mi vida y de las tormentas que me acosan, Cristo quiere encontrarme, en plena noche. Sólo saldré adelante si en medio de la tormenta nocturna estoy abierto para el encuentro con Cristo. Encontrar a Cristo significa desprenderse del ego, salir de la barca, animarse a caminar sobre las aguas, a tomar contacto con las aguas, con el inconsciente.

 

Y luego dirigir mi mirada a Cristo, sin dudar, sin oscilar continuamente entre el mundo interior y el exterior. Entonces Cristo seguramente me guiará por en medio de las amenazas que se ciernen sobre mi alma, sin que las olas me devoren. Debo dejar que Cristo suba a mi barca. Sólo así podré hallar la tranquilidad interior. Porque sin Cristo mi barca será arrastrada continuamente de aquí para allá. Cristo, cimiento de mi alma, es el garante de que mi barca, de que mi ego se serenará y llegará a la otra orilla.

A. G.