Afán de venganza

 

¿Qué hacer cuando no tenemos fuerzas para perdonar? A menudo nos sentimos demasiado heridos y nuestros sentimientos están demasiado agitados como para perdonar o, más aún, para amar a nuestros enemigos. ¿No es inhumano y también irreal exigir amor en una situación así? San Benito nos da un consejo que puede ser útil en tales circunstancias. Dice que no contestemos con una maldición a quienes nos maldicen sino que los bendigamos y oremos en el amor de Cristo por nuestros enemigos. También esto puede resultarnos bastante difícil, pero se puede comenzar dando un pequeño paso: pidiendo bendición u orando con corazón benévolo por aquel que nos ha herido. De ese modo comenzaremos, aunque sea muy tímidamente, a dejar que el amor de Cristo cale en esa situación en la cual nos sentimos heridos. No sólo le damos lugar a nuestro enojo sino también a la bendición y a la paz de Cristo. Cuando comienzo a orar por el otro, el rencor se va aplacando lentamente y las heridas empiezan a sanar. Fundándose en esta experiencia, Evagrio Póntico, uno de los Padres más importantes del monacato del s. IV, dice lo siguiente: “Quien ora por sus enemigos, no puede ser vengativo”.

Quien esté dispuesto a recorrer este camino de oración, experimentará que el rencor disminuye en el corazón, las heridas sanan y se hace posible el perdón. Experimentará asimismo que el amor al enemigo no es una exigencia ajena al mundo y a la realidad, sino que puede ser posible, al menos germinalmente, gracias a la oración impetratoria de perdón para el enemigo. Por el perdón el hombre accede a una nueva anchura y libertad que antes le estaba vedada y bloqueada por su rencor.
A. G.