No pretender cambiar a nadie

 

Agradecer por el prójimo no sólo nos ayuda a aprender a amar al otro, sino que significa también una bendición para el otro. La experiencia demuestra que en el prójimo difícil, incluso hostil, puede operarse un cambio positivo cuando se comienza a agradecer por él. Si reaccionamos agresivamente a sus hostilidades, alfilerazos y agresiones, se generará un embrollo terrible. Las relaciones se desgastarán irremediablemente y sólo importará quién se impone con sus alfilerazos y sale ganador. Al agradecer abandonamos el plano de triunfo o derrota, el plano en l cual se responde a la agresión con la agresión y al rechazo con el rechazo. Cuando agradezco a Dios por el otro, renuncio a reaccionar negativamente a las conductas negativas de esa persona. Al agradecer acepto al otro tal cual es: agradezco a
Dios que esa persona exista y sea así como es. No pretendo cambiarla, sino que agradezco por su existencia, porque Dios ha creado y la ha creado tal como ella es.

Cuando acepto al otro en mi agradecimiento, le posibilito que se acepte a sí mismo. Porque a menudo el otro es tan hiriente y hostil para conmigo precisamente porque no puede aceptarse a sí mismo, porque proyecta sobre mí sus defectos y debilidades y las combate en mí. La mayoría de las veces la hostilidad surge de proyectar sobre el otro los propios lados oscuros. Por último uno siempre se combate a sí mismo en el otro. El agradecer le posibilita al otro retirar su proyección. Si se siente aceptado podrá entonces aceptarse a sí mismo juntamente con sus lados oscuros y no necesitará más combatirlos en mí. Pero esto vale también para nosotros mismos. Sólo podemos amar al enemigo que nos viene de afuera si amamos al enemigo que está dentro de nosotros.
A. G.