El obrar ilimitado de Dios

 

Cuando pronuncio una conferencia sobre meditación, sobre la tradición mística del monacato, sobre los métodos desarrollados por el monacato primitivo en el área de la espiritualidad, se me pregunta siempre si eso no es autorredención. Para muchos, toda técnica psicológica o espiritual es ya una especie de autorredención. Y sostienen entonces, decididamente, que sólo Jesucristo nos ha redimido y sólo en Él podemos alcanzar redención. Y si hablo además de la sabiduría de otras religiones, a menudo se cuestiona mi ortodoxia; se cuestiona si lo que digo sigue siendo cristiano. En este punto observo a menudo una fijación de la redención en Jesucristo. Aun cuando confesemos, con san Pablo, que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, hemos de sostener, junto con los Padres de la Iglesia, que desde tiempos inmemoriales Dios le ha hablado a los hombres y regalado su salvación y redención.

Para todas las religiones Dios es siempre el Dios que redime. En todas las religiones la fe es esencialmente la fe en la acción salvadora y liberadora de Dios. Jesucristo es la cumbre y perfección de la redención. Pero no hagamos como si la redención comenzara recién con Jesucristo. Dios es siempre el Dios que redime. Y Él obra redención también en otras religiones. Los métodos de espiritualidad que han desarrollado las distintas religiones no son autorredención, sino respuesta a Dios, quien quiere obrar en nosotros, salvarnos y liberarnos.
A. G.