Desinterés por la redención

 

Muchos libros han sido pensados sólo para teólogos y no para tantos creyentes que se preocupan de su fe y a menudo se sienten abandonados. Por eso quiero intentar traducir a un idioma que toque el corazón humano los numerosos libros que he leído sobre la redención. Precisamente porque la redención no es un tema puramente intelectual, sino algo que corresponde a nuestro anhelo más íntimo. Que la buena nueva de la Biblia me conmueva o no depende de si en ella encuentro una respuesta a mis preguntas y necesidades y de si satisface mi anhelo de redención, de libertad y de una vida plena.

Las preguntas que suelen plantearme los jóvenes se refieren, por una parte, a la experiencia de redención: dónde y cómo podemos hoy experimentar redención. A menudo tales preguntas van acompañadas de la comprobación de que la redención por Jesucristo no ha transformado nuestro mundo. Las guerras más bien han aumentado; los hombres se sienten hoy –así opinan la mayoría- peor que en el pasado; no tienen ningún sostén ni encuentran sentido a sus vidas. Algunos opinan también que el mensaje bíblico de la redención no los afecta en absoluto, que no responde en absoluto a sus preguntas. Otros no sienten ningún anhelo de redención. Les va bien. Y se resisten a pintar la vida humana con tonos sombríos, para encomiar luego el mensaje de la redención.

Los hombres buscan en todas partes una ayuda para la vida. Aprovechan más que nunca las ofertas de la psicología o buscan en religiones orientales técnicas para vivir más felices y contentos. Muchos no encuentran en el cristianismo ningún camino de redención; en la proclamación y prácticas cristianas no perciben el mensaje redentor y liberador de Jesús.
A. G.