El tesoro escondido

 

Allí donde siento que algo me aprieta, donde tengo dificultades para tratar conmigo mismo, donde se anuncia un conflicto a voz en cuello, donde una enfermedad grita de tal modo que no se la puede dejar de oír, allí mismo hay siempre un tesoro que nos espera. Justamente allí donde en mí hay algo en ebullición, existe algo que quiere despertar a la vida y florecer. Transformación significa no descartar nada en mí, sino entablar diálogo con mis pasiones, enfermedades, conflictos, problemas, e incluso con mis pecados. Entonces ellos habrán de llevarme hacia el tesoro escondido en mí, hacia nuevas formas de vida, hacia una nueva cualidad que estuve reprimiendo hasta este momento. Allí donde me siento impotente y choco con mi incapacidad para asumir mis defectos, mis debilidades y problemas, allí hay un tesoro escondido. En lugar de emplear mi energía en eliminar o reprimir violentamente los defectos, debería entablar diálogo con mis defectos y pecados, con mis conflictos y problemas. Y así entonces ellos me indicarán el tesoro oculto en el fondo de mi alma que espera ser sacado a luz, señalándome a la vez la senda que conduce hacia él.

La manera como ladran mis pasiones y enfermedades me revela también cómo puedo abrirme paso a través de ellas para llegar a la fuente que está en mí. Pero esto exige un cambio en el modo de pensar de nuestra espiritualidad. Nuestra espiritualidad fue a menudo demasiado masculina, estuvo demasiado imbuida de animus, demasiado orientada y violentamente las cosas. Nuestra espiritualidad debería darle más espacio al ánima en nosotros, debería ser más femenina y maternal. La transformación corresponde a esta espiritualidad signada por el ánima. En la transformación todo puede ser; las cosas pueden crecer, florecer, renacer.
A. G.