El lenguaje de la tos

 

En oportunidad de acompañar espiritualmente a una religiosa, comprendí el mensaje del cuento de las tres lenguas. Esta religiosa padecía de tos; en ella los perros ladraban en el sentido más estricto del término. El médico había desistido de un tratamiento medicamentoso porque la tos parecía tener más causas psíquicas. Conversando con la religiosa tratamos de averiguar lo que la tos quería decirle, hacia qué tesoro quería conducirla. De algún modo la tos tiene que ver con la agresión. A menudo la tos es para los oyentes de una homilía o conferencia la única manera de expresar sus agresiones. Al menos la intensidad del toser que se escucha entre la audiencia dice algo sobre la aceptación o rechazo de una conferencia. La religiosa recordó enseguida sus agresiones en su infancia, porque sus hermanos ocupaban siempre el centro y ella, por así decirlo, vivía escondida. Y también en su comunidad religiosa tenía a menudo esa misma sensación de vivir escondida. No podía participar correctamente; las demás estaban siempre en el centro. No podía o no se animaba a tomar la palabra.

La tos le señalaba que en lo más hondo de su ser ella se resistía, que no quería conformarse con vegetar. Dialogar con esa tos significaba comprender su mensaje: “Yo también quiero vivir. No quiero vivir más escondida. Quiero ser yo misma, libre genuina, auténtica. Quiero sentir alegría de vivir”. La tos le dio el impulso para salir del escondite en el cual vivía, romper las cadenas que la mantenían prisionera, tomar partido por sí misma. Vive realmente; ya no es más vivida. Se anima a involucrarse en discusiones y dar su opinión. Más aún, se ha vuelto creativa, es fuente de nuevas ideas; tiene una imagen concreta de aquellas cosas que quieren crecer en ella. Descubrió y desenterró el tesoro de una nueva calidad de vida.
A. G.