Transformación del agua en vino

A los exégetas les cuesta comprender el papel desempeñado por María, la madre de Jesús, en ocasión de la transformación del agua en vino (Jn 2, 1-12). San Agustín opina que Jesús no reconoce a la madre porque se dispone a cumplir acciones divinas, como si quisiera decir: “Tú no has dado a luz aquello que en mí obra milagros, porque tú has dado a luz mi debilidad. Te reconoceré justamente cuando esa debilidad penda de la cruz” (Joaquín Gnilka). Seguramente Juan le ha adjudicado a propósito un papel importante a María en el comienzo de la actividad de Jesús y en el final, junto a la cruz. En el comienzo María anima a Jesús a realizar el milagro de la transformación. Al final Jesús confía su madre a Juan y, de ese modo, a toda la Iglesia. Ésa es la mariología joánica. Pero interpretando el texto desde el punto de vista de la psicología profunda, este cobra un nuevo significado. María, la mujer, percibe la falta de vino. La mujer, en su calidad de madre, es la que está más familiarizada con el misterio de la transformación. Ella percibe lo que le falta al hombre. Como madre anhela el nacimiento del hombre nuevo, que no sólo es humano, sino también divino. Se vuelve entonces a Jesús, su Hijo. Sin embargo, este primero se distancia con su pregunta: “¿Qué tengo yo contigo, mujer?”. Jesús quiere recorrer su propio camino y obedecer a la hora que Dios le ha fijado. No obstante se deja motivar por la madre a realizar el milagro. Más allá de ese distanciamiento, la madre comprende la verdadera intención de su hijo. Para que la transformación sea posible, primero hemos de tomar contacto con nuestra ánima. El ánima puede significar el lado femenino que existe en nosotros, o también el alma. El ánima vislumbra el misterio de nuestra vida. Cristo puede obrar en nosotros la transformación recién cuando entramos en relación con nuestra ánima.

Lo que podemos aportar para esa transformación es el pedido de nuestra ánima, el anhelo de nuestro corazón, la relación con nuestra alma, con nuestro mundo interior.
A. G.