Zarza y crisis

 

El fuego que ilumina la zarza sin consumirla es imagen del amor, pero también puede ser una imagen de la sexualidad. El fuego por el cual deben pasar Pamina y Tamino en “La flauta mágica” representa su amor apasionado. Tienen que pasar por el fuego y por el agua para que su pasión se transforme en amor verdadero y firme. La zarza en llamas nos promete que también en nosotros el amor puede infundir nueva vida a lo que está seco y agostado; que el amor puede transformar en belleza precisamente lo despreciado y débil. El amor transforma tocando. La caricia hace florecer a las personas, ablanda los muros que antes habían dividido a los hombres, lleva luz a la oscura amargura de un corazón cerrado. El amor divino y humano puede transformar nuestro corazón vacío y exhausto en un lugar de luz y gloria.

En la zarza ardiendo Dios llama a Moisés para que libere al pueblo cautivo en Egipto. Y lo llama haciéndole ver su propia vida, haciéndole ver su bajeza e inutilidad. Porque antes Moisés había querido liberar a Israel por su propia mano. Y fracasó lastimosamente. Se estancó entonces en su ira y desorientación. Pero ahora, cuando frente a la zarza ardiendo acepta su propia debilidad, en la cual aparece la gloria de Dios, puede entrar al servicio de Dios. Dios se convierte en acompañante en el camino hacia la libertad. En la mitad de la vida podríamos preguntarnos, en relación con la zarza ardiendo, qué cosas en nosotros deberíamos liberar, qué cosas en nosotros nos mantienen cautivos, qué cosas bloquean y tensionan nuestro cuerpo, qué cosas nos coartan en nuestras relaciones humanas, dónde nos dejamos presar por normas y principios.
A. G.