El lenguaje de la redención

 

El mensaje de la redención casi no llega más al hombre de hoy. Los profesores de religión se quejan de no hallar un lenguaje para proclamar el mensaje cristiano de manera que los jóvenes entiendan ese mensaje y se sientan interpelados por él. Hay que hacer un nuevo esfuerzo por encontrar un lenguaje que describa la redención de tal modo que nos toque el corazón. Naturalmente no sólo hace falta empeño por un lenguaje nuevo, sino también un corazón dispuesto a dejarse interpelar.

Me conformo con dar algunas sugerencias sobre cómo explicar la redención a fin de que nos conmueva interiormente, responda a nuestras preguntas más hondas y nos señale un camino de libertad y amor, un camino de paz y de reconciliación, un camino de vida y de una humanidad lograda.

Para mí es decisivo cómo y dónde podemos hoy experimentar redención. La reflexión teológica sobre el misterio de la redención no sólo quiere darnos respuestas meramente teóricas, sino introducirnos en el misterio de la redención en nuestra vida. En mi vida experimento ambas cosas: el dolor en mí, en las personas que me rodean y en este mundo; pero también hay momentos en los cuales siento: “Todo está bien”. Vivo momentos de profundísima paz y reconciliación, de verdadera libertad y armonía. Entonces tengo la certeza de que Dios me redime. Entonces percibo en el encuentro con Cristo que él cura mis heridas, que su mirada amorosa me levanta y libera. Y experimento, a veces en la meditación y a veces en la comunión, que soy uno con Dios, que la vida divina, que el amor divino cala en mí transformando todo en mí. Son momentos en los cuales la redención se hace presente, en los cuales se la percibe y siente.
A. G.