Redención aquí y ahora

 

Cuando hablamos de redención, hemos de tener cuidado con dos peligros: el peligro de la fijación en el pasado y el peligro de considerar que la redención se limita al acto de la muerte de Jesús. Si afirmamos que Cristo nos ha redimido, entonces decimos con razón que la redención nos ha sido dada, que no tenemos que redimirnos a nosotros mismos. Pero no debemos ver la redención en Cristo como si antes ni fuera de Cristo jamás hubiera acontecido redención. Para la Biblia, Dios es siempre el Redentor y el Liberador, el Salvador, nuestra luz y salvación. Los justos del Antiguo Testamento, exactamente como los primeros cristianos (quienes expresaron con los salmos su vivencia de Dios) experimentaron a Dios como Aquel que siempre saca de todo aprieto. Día a día Dios interviene en nuestra vida redimiéndonos.

No podemos decir, por lo tanto, que Dios nos redimió sólo en aquel momento en Cristo. Lo que ocurrió en la vida, muerte y resurrección de Jesús más bien ha manifestado lo que Dios siempre hace en nosotros. El Dios que cura nuestras heridas se ha revelado de una manera nueva en Cristo como nuestro Salvador, como médico de nuestras almas.

En la muerte de Jesús, Dios se dio a conocer, de una vez y para siempre, como el Dios redentor y liberador; en ese momento nos comunicó su redención de una manera inequívoca, y así nos aclaró e iluminó su acción redentora que acontece continuamente.
A. G.