Ni para pochoclo: estiman menor producción de maíz

El maíz ha sido siempre un ingrediente de las mesas argentinas. El grano, base de muchas comidas del norte del país, forma parte del locro y la humita, herencia de los ancestros incas, quechuas y aymaras.

El recetario de la cocina familiar argentina lo incorpora en los pucheros, procesado como harina en la polenta y hasta en el cine en forma de pochoclo.

Este alimento proviene de un cultivo que constituye el insumo principal en la producción de carnes, biocombustibles y molienda, constituyéndose en un generador de empleo, dado que por cada puesto de trabajo que se crea en la cadena de valor del maíz, se incrementa en 1,8 el total de puestos de trabajo de toda la economía.

En los últimos años la diversificación en el uso del maíz generó una mayor demanda, tanto para su uso forrajero como industrial, generando un gran movimiento en la economía de las ciudades cuyos ingresos provienen básicamente de la producción agropecuaria, debido a los servicios e insumos que demandan su producción y procesamiento industrial.

Por el campo:

Según estimaciones de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) “en el 93 por ciento de los distritos el maíz no sería rentable este año” y que “a pocos días de que comience la siembra, las condiciones actuales impactan negativamente sobre esta producción y su cadena de valor, con el riesgo de sufrir una caída en la inversión, la producción y el empleo que esta actividad genera, ya que en el 93% de los 249 distritos analizados el maíz no sería rentable”.

Esta disminución en la siembra del grano traería consecuencias sobre el campo y las economías de las ciudades en las que el cultivo se produce habitualmente. Al respecto los técnicos que colaboran en el Nodo Regional Saladillo “Oscar Alvarado” comentan que “el maíz demanda mayores insumos y al ser reemplazado circunstancialmente por otros cultivos habría menor venta de productos agronómicos y fertilizantes”. Asimismo “se obtendrían menores volúmenes de producción, algo que impactaría directamente en la contratación de transportes” por ejemplo.

Desde el punto de vista del cuidado de los suelos, los productores se verán obligados a dejar el esquema de rotación de cultivos, un modo de manejo que ayuda a mejorar la estructura del suelo y preservar su fertilidad que consiste en no sembrar en un mismo campo dos veces consecutivas un mismo cultivo, por lo que se intercalan en la siembra por ejemplo maíz, trigo y legumbres como la soja.

Esto se da en un contexto en el que “la Argentina necesita salir del modelo de monocultivo de soja” y sin las rotaciones de cultivos el sistema se torna técnicamente insostenible a largo plazo, por lo que pone en juego la productividad de los suelos. De ese modo la inviabilidad económica del maíz complica las cosas para ir hacia un modelo más sustentable.

La caída del precio internacional del maíz, sumada a la excesiva presión impositiva que pesa sobre la producción agropecuaria -a nivel nacional, provincial y municipal- y la inflación llevarán a que este año el cultivo sea rentable -pero con un elevado riesgo- sólo en el 7% de los distritos donde se siembra maíz y si quien lo cultiva es propietario del campo.

Con estas estimaciones se calcula que “hay regiones del país donde se van a necesitar rendimientos 70% superiores al promedio de las últimas 6 campañas para poder equiparar los gastos de producción de maíz con los ingresos. Ese es el caso del NOA. Mientras que en la mayor parte de los departamentos de Santa Fe, se requerirá un rendimiento 10% superior al del promedio histórico para cubrir los costos.

En el partido de Saladillo se debería obtener rindes entre un 11 y un 20% mayores al promedio histórico para cubrir los costos de producción. De no lograrse esos resultados se generarían consecuencias socio-económicas muy negativas dado que se vería afectada la actividad comercial y el empleo.

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