Expresión de nuestro ser más íntimo

 

La Iglesia instituyó los dogmas cuando se exponían interpretaciones falsas de nuestra redención a través de Cristo. Los dogmas apartan y excluyen las interpretaciones erróneas. Pero nunca son verdad definitiva. Solamente establecen el rumbo en el cual debemos buscar. El misterio de Dios y el misterio de nuestra redención son siempre más grandes de lo que pueden expresar las palabras humanas. Los dogmas son imágenes de nuestra salvación. No se puede hablar sobre Dios ni sobre el misterio de nuestra redención con conceptos científicos, sino sólo con imágenes que dejen espacio al misterio de Dios que es siempre mayor, que se sustrae a nuestros conceptos. Así pues los dogmas no son postulados caídos del cielo que sencillamente haya que tragar, sino mojones orientadores para comprender cada vez mejor el misterio de nuestra redención a través de Jesucristo. Los dogmas son la norma que jamás debemos abandonar; son obligatorios para nuestra búsqueda. Excluyen una interpretación arbitraria de la fe, pero no nos relevan de la obligación de seguir reflexionando e investigando sobre lo que ellos realmente quieren decir.

 

Si entendemos así los dogmas, éstos ya no serán áridas declaraciones teóricas, sino que más bien nos permitirán echar una mirada sobre el misterio de Dios y el misterio del hombre, que sólo puede ser contemplado a la luz de Dios. Tomemos, por ejemplo, el dogma de la Santísima Trinidad. Nos dice que el Espíritu que experimentamos en nosotros no es sólo don de Dios sino que es Dios mismo; que en virtud del Espíritu estamos sumergidos en Dios. Y Dios no es un ser rígido, sino que en sí mismo es movimiento, comunidad y amor. Este dogma nos dice por lo tanto lo que somos en nuestro ser más íntimo; nos dice que Dios mismo habita en nosotros; que Dios nos sostiene como Padre; que, en Jesucristo, Él se ha hecho nuestro hermano que nos acompaña en nuestro caminar; y que Él nos ha enviado su Espíritu que cala en nosotros colmándonos de vida divina y uniéndonos al Padre y al Hijo.

A. G.