Sentido de los dogmas

 

Reparemos en el dogma de la Asunción de María Santísima al cielo. Muchos tienen dificultades para aceptarlo. Piensan que la Iglesia está diciendo algo que no se puede saber en absoluto que por lo menos no puede ser demostrado con la Biblia. Sin embargo el dogma no hace otra cosa que desplegar el misterio de nuestra redención; reflexiona sobre los efectos que la redención a través de Jesucristo tiene en nosotros. Todas las declaraciones sobre la Virgen María son declaraciones sobre el ser humano. En este dogma decimos de María Santísima lo que vale para todos nosotros, lo que Dios ha hecho y hará con todos nosotros.

Así pues, tales declaraciones cobran de pronto un significado muy actual. Nosotros, seres humanos, iremos con alma y cuerpo a Dios. “Cuerpo” quiere decir todas las experiencias y vivencias que tenemos aquí en la tierra. Con el cuerpo entablamos relación unos con los otros. Con el cuerpo expresamos nuestro amor y nuestra simpatía. El cuerpo incluye nuestra vulnerabilidad, nuestra capacidad de sentir, nuestra vitalidad, pero también nuestra irrepetibilidad, nuestra individualidad, nuestra condición de ser varón o ser mujer.

El dogma de la Asunción de la Santísima Virgen al Cielo dice algo sobre la dignidad del ser humano. Al morir iremos a Dios con nuestro cuerpo, vale decir, con nuestra sexualidad, con nuestras heridas, con nuestros anhelos, con nuestras experiencias y nuestros sentimientos. Todo se salvará en Dios. Se trata pues de un dogma de esperanza. Si lo meditamos descubriremos que también nuestro cuerpo es un órgano para el encuentro con Dios y la experiencia de Dios, y que la salvación transforma a todo el ser humano, con cuerpo y alma.

Un dogma es siempre un artículo de fe del cual se puede vivir. Esto constituye un criterio hermenéutico. Por eso descalabrarse unos a otros para ver quién tiene razón, quién tiene la verdad de su lado, es algo que va en contra de los dogmas. La verdad de los dogmas nos libera, nos revela nuestro verdadero ser y nos permite vivir de acuerdo a él. Así pues los frutos que da pueden considerarse como un criterio para su interpretación.
A. G.