Aturdidos por el trajín

 

Marta tiene las mejores intenciones para con Jesús. Desea que Jesús se sienta bien en su casa. Lucas nos dice que “estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa (Lc 10, 40). Por pura preocupación no llega a preguntar a Jesús si realmente quiere comer, si tiene alguna necesidad de esas que ella piensa que Él, en su calidad de huésped, seguramente debía tener. Fija entonces a Jesús en el papel de huésped que ha de sentarse a la mesa a comer. Así pues el caso de Marta nos plantea la cuestión de si a menudo nos preocupamos por otros y hacemos muchas cosas por ellos sin haber preguntado jamás si en definitiva ellos lo quieren, si están de acuerdo. Estamos tan concentrados en nuestra preocupación, tan ocupados con nuestro trabajo, que nos aturdimos al punto de no preguntarnos más por qué estamos haciendo todo eso. Y si alguien nos critica, nos ofendemos.

 

Una y otra vez advierto cómo precisamente las personas que trabajan mucho son muy sensibles ante cualquier crítica que se les hace. Si se matan trabajando ¿cómo habrá de osar alguien poner en tela de juicio su conducta? Cuando el esposo vuelve del trabajo a la noche ¿cómo le dirá su esposa que debería ocuparse más de los niños porque éstos necesitan al padre? Porque el esposo piensa que él ya está haciendo todo por la familia. Pero pasa por alto el hecho de que los niños quieren mucho más el tiempo de su padre que el dinero que este gana para ellos ¿Y cómo le pedirá el esposo a la esposa que salga con él a pasear cuando hay todavía tantas tareas domésticas por hacer? ¿Cómo le pedirá tiempo para una conversación cuando ella ya le está sacrificando todo su tiempo a la familia? A menudo nos atrincheramos en nuestro trabajo para no ser cuestionados, para demostrarnos a nosotros mismos que todo lo hacemos bien.

A. G.