Buenos en demasía

 

Quizás ustedes vivan en la ilusión de poder vivir su vida sin culpa alguna. Y de que lo más importante sería evitar toda culpa. En el encuentro con Cristo nos liberamos de ese miedo a la culpa. En las conversaciones que entablo en la atención pastoral, encuentro personas que buscan continuamente la culpa en sí mismos. Permiten siempre que otros les echen la culpa. En todo conflicto con los padres son ellos los culpables.

 

Conozco una mujer que no se puede liberar de los sentimientos de culpa que le infunde su madre. No puede defenderse de las expectativas exageradas que la madre tiene de ella. Cuando alguna vez satisface un deseo propio, se siente enseguida culpable. Podría ser que la madre no viva mucho tiempo más. Pero aún después del fallecimiento de la misma, quizás prosiga haciéndose siempre reproches. Vive en la ilusión de poder estar libre por completo de toda culpa justamente en relación con aquellos a los que ama.

 

Ninguno de nosotros está exento de culpa. Por eso otras personas pueden adquirir poder sobre nosotros con tanta facilidad cuando nos infunden sentimientos de culpa. Orando a Cristo, que nos perdona todas nuestras culpas, podemos liberarnos de esa ilusión. Jamás estaremos totalmente exentos de culpa. Lo decisivo es confiar en nuestro propio discernimiento; que en el marco de nuestras posibilidades reales también estemos para el otro, pero que nosotros mismos decidamos cuánto tiempo y energía dedicaremos a otros. Muchos han internalizado la exigencia inconsciente de que siempre debemos estar sólo para los demás. Pero esta exigencia es inhumana; es una ilusión. Jesús no vivió así, sino que también solía retirarse para estar a solas con el Padre.

 

Como ejercicio les propongo escribir por orden todo lo que hoy hagan, sus tareas, llamadas telefónicas, visitas, etc. Y luego  pregunten a Jesús en la oración si Él quiere de ustedes todo lo que ustedes hacen o si ustedes están siguiendo algún patrón preestablecido; si lo que ustedes hacen brota del corazón o bien sólo están cumpliendo las expectativas de otros; si ustedes viven desde adentro o bien son determinados desde afuera.

A. G.