Experiencias de camino

La historia de salvación comienza con el éxodo de Abraham de su patria (Gn 12, 1-3). Abraham emprende el camino creyendo en las promesas de Dios. Este éxodo se convierte en imagen arquetípica de la fe. Pronto esa fe habrá de ser puesta a prueba (Gn 22, 1-19). Abraham y su hijo Isaac caminan juntos en silencio. El padre tiene que sacrificar a su hijo, a lo más amado que tiene. ¿No es ésta acaso una imagen de nuestra propia senda, que recorremos asombrándonos de los caminos de Dios, cavilando sobre si podemos desasirnos de aquello que él nos exige? Sólo nos resta esperar que un ángel del Señor venga en nuestro auxilio y, como en el caso de Abraham, nos permita reconocer lo que debemos dar, lo que debemos entregarle.

Una historia de camino es también el relato del sueño de Jacob, Jacob vio en sueños una escalera cuya cima tocaba los cielos (Gn 28, 10-22). Jacob estaba huyendo de su hermano Esaú. Hay piedras que obstaculizan su camino. Y junto a una de esas piedras sueña que ése es un lugar de Dios. En el sueño reconoce una realidad que, de otro modo, no habría advertido. Dios mismo está presente, rodeándolo en medio del desierto, en medio de su travesía. Dios se le aparece justamente en esa piedra que estorba su senda. Y Jacob erige allí una estela en memoria de la experiencia que ha tenido. A veces pasamos sin advertir la realidad. Necesitamos entonces sueños para reconocer lo que es real, para reconocer que de cada lugar de nuestra vida se eleva una escalera hacia el cielo, precisamente de esas piedras que estorban nuestro camino. Ellas podrían abrir nuestra senda a la presencia de Dios que nos rodea en todas partes.

A. G.