Símbolo de la peregrinación

Cuando nos preguntamos por las razones de por qué en todas las religiones los hombres peregrinan a determinados lugares, se advierte que las mismas radican en el alma humana. El hombre se imagina a Dios según su propia semejanza. Y como el ser humano tiene preferencia por ciertos lugares, piensa entonces que también Dios prefiere determinados lugares en los cuales está presente y actúa de modo particular. El hombre desea participar de la fuerza de Dios y por eso peregrina hacia lugares de los cuales sabe que Dios se apareció allí visiblemente. Un motivo fundamental de la peregrinación es el deseo de encontrar a Dios de una manera más clara de cómo suele encontrárselo en la vida diaria, y la creencia de que eso es más posible en lugares muy precisos. Otros motivos son pedir por determinadas intenciones, la esperanza de alcanzar iluminación y fortalecimientos espirituales, y la confianza de obtener curación en el lugar de peregrinación. Muchos emprenden una peregrinación porque quieren expiar pecados propios o ajenos y comenzar una vida nueva. La peregrinación significa además una intensificación de la oración, una oración con alma y vida, una oración confirmada por un camino fatigoso, y apoyada en el esfuerzo del ayuno. Al lugar de peregrinación no se va sencillamente como si se hiciera una caminata o un viaje. Primero uno se somete a ritos especiales y pide la bendición. Se bendice el bastón y la mochila del peregrino protegiéndolo. Durante la peregrinación se ora y, de ese modo, el peregrino se prepara al encuentro con Dios en el lugar santo.

Orar y caminar van juntos para los peregrinos. Se ora caminando y se camina orando. Thomas Ohm investigó la relación de oración y caminar en las distintas religiones. El hombre va hacia la oración, se levanta y se hace al camino, abandona el mundo y las actividades mundanas y se pone en marcha hacia Dios: “Me levantaré… y buscaré al amor de mi alma”.

A. G.