Meditar caminando

El caminar puede ser un modo de ejercitar la fe, de ahondar en ella. Para lograrlo existen diferentes métodos: el primero consiste en tomar el acto mismo de caminar como meditación. se procura andar con plena conciencia, sintiendo lo que se está haciendo realmente. No hace falta cargar el caminar con contenidos sobre los cuales meditar mientras se anda, sino que el andar mismo es meditación. Andando con plena conciencia ejercito la fe que en las Sagradas Escrituras es descrita como éxodo, como estar en camino, como peregrinación hacia Dios. Es sobre todo entre los antiguos monjes donde encontramos esta forma de meditación. Ella corresponde a su teología del camino.

Un segundo método, practicado igualmente por los antiguos monjes, consiste en caminar meditando algunas palabras. Por ejemplo, se camina repitiendo continuamente las mismas palabras, generalmente un verso de algún salmo, a menudo una palabra que tiene que ver con el andar y que nos permite comprender más profundamente nuestro caminar.

El tercer método es similar. Sin embargo no se camina meditando una palabra, sino una historia. En las Sagradas Escrituras hallaremos muchas historias de camino. Se puede entonces emprender el camino con una historia. Andando uno se va introduciendo en esa historia, en los personajes y papeles de la misma, y así comprende el sentido y las experiencias que entrañan. Porque, andando, uno toma parte en esa historia, experimenta en uno mismo su efecto sanador o iluminador.

El cuarto método de meditar caminando une al movimiento corporal un esfuerzo intelectual. Al andar se piensa sobre lo que se está haciendo realmente. Se reflexiona sobre lo que significan en definitiva las siguientes realidades: senda, estar en camino, ser peregrino, ser forastero en esta tierra, ir hacia Dios. ¿Qué expresan sobre nosotros y nuestra vida? Una teología del camino nos puede revelar así nuevas dimensiones de nuestro andar.

A.G.