De la biblioteca de Polvaredas. 27 de Setiembre natalicio de Delia Del Carril

Considerada la mejor caballista sudamericana. Pintó su último caballo a los 101 años.
Nació en la estancia Polvaredas y sus biógrafos no coinciden si en 1884 o en 1885. No sabemos si son 130 o 129 años de su nacimiento, pero queremos recordarla en las voces de aquellos que escribieron sobre ella y sobre todo en lo que se relaciona a lo que vivió en la estancia donde hoy se levanta este pueblo.
Inés Valenzuela, escritora, su gran amiga, que la acompañó hasta el fin contaba lo siguiente:
“Ella me contó de Polvaredas, la estancia ganadera de su padre, Víctor del Carril. También me contó de su madre, Julia Iraeta. Ambos se casaron de 27 y 14 años, respectivamente y vivieron en la estancia familiar »Polvaredas» en el pueblo de Saladillo, en plena pampa, para tener hijos y para criar ganado.
Doña Julia, hija de un ebanista vasco, entre embarazo y embarazo pintaba en vidrio y preparaba sus propios marcos »como encajes de madera». También el padre en las largas jornadas de estanciero llenaba sus ocios haciendo muebles. Delia me hablaba de su madre como una gran educadora, pero su amor más hondo fue su padre.
Eran dieciocho hermanos y trece llegaron a grandes: Delia ocupó un lugar preferente en el corazón paterno. Me contaba que en el parque de la estancia, miraba la puesta de sol frente a una imponente laguna, en brazos del padre. Innumerables pájaros se paraban al borde de la laguna a contemplar el sol: patos, cisnes, cigüeñas, ibis, flamencos, calandrias, picaflores y el sol encendía los pastos. Ella adoraba la pampa y la estancia de su niñez. Cuando tenía cuatro años, su padre la subió sola a su propio caballo. Salió corriendo y él la autorizó a montar dos horas diarias vigilada por la institutriz.
En el escritorio de la estancia había una gran biblioteca, con un estante dedicado a innumerables ediciones de El Quijote, libro favorito de su padre. Cuando estaba solo, Delia se acurrucaba en sus brazos y él le mostraba las maravillosas ilustraciones. Pero eso no le bastaba, quería leer y así fue como le enseñó a leer en la obra de Cervantes.”
Inés Valenzuela termina: »He conocido muchas mujeres importantes. Pero nunca a nadie como Delia. Ingenua, bondadosa, tenía como una enorme pureza».
Su biógrafo Fernando Sáez: “Como sus caballos que sobrepasan los márgenes del papel, ella no podía contenerse en los límites impuestos por las normas de la sociedad tradicional. Necesitaba más espacio, más aire, más libertad”
Ana María Díaz:: “Libros, teatro, cultura musical, importantes amistades, belleza y una aguda sensibilidad configuran una mujer capaz de distinguir el otro mundo paralelo que subyace en la carencia y por el que siempre luchará. Pero más que las teorías lo que funcionaba en Delia era su generoso corazón, su sentido de la amistad, de la fraternidad, del amor al prójimo”.( Boletín Primavera 1989 de la Fundación Pablo Neruda)
Volodia Teitelboim, biógrafo de Neruda: «Delia nunca dejó de ser argentina y siento que fue una mujer sin fronteras, una adelantada de su tiempo, una mujer briosa como sus magníficos caballos que pintó hasta el final de sus días.»
La foto familiar fue tomada en Polvaredas. Delia es la 3º de derecha a izquierdaimages img023 img074