Camino interior

 

A los monjes les interesa el camino interior. Y emprendo este camino solamente cuando salgo de todo lo que me impide ser yo mismo. Caminando debo deponer los papeles que desempeño, las máscaras que cubren y desfiguran mi ser.  ¿Quién soy yo, quién es este que va caminando cuando se desprende todo lo accesorio, cuando ya no cuentan más mis éxitos ni lo que valgo para los demás? Caminando me adentro en mi ser, en mi verdad, en mi núcleo. lo que los hombres opinan de mi no es importante, se desprende al caminar. ¿Cuál es mi núcleo, quien soy yo realmente delante de Dios? Caminando salgo de todo lo accesorio y emprendo el camino hacia mi mismo, hacia Dios, hacia mi Dios, hacia el Dios de mi vida.

Al caminar no hace falta pensar continuamente sobre lo que me ata, sobre aquellas cosas de las cuales dependo y cómo podría liberarme de ellas. Al caminar se nos ocurren ciertamente muchas ideas, y también adquirimos claridad intelectual sobre muchas realidades. Sin embargo el caminar como meditación corporal es otra cosa, no es una meditación sobre algo, sino una ejercitación en algo. Al caminar ejercito el éxodo interior. Me adentro en una libertad interior. Entregándome al caminar, salgo de lo que me mantiene cautivo, salgo de mis hábitos y costumbres que me atan, de vinculaciones humanas sin las cuales no puedo vivir, del cautiverio al cual me han reducido mis necesidades y deseos, dejo detrás de mí mis posesiones y comodidades. Renuncio al contacto con los hombres. Durante un cierto tiempo no estaré disponible para ellos. así salgo del mundo, del contacto con el mundo, y me adentro en una libertad cada vez mayor, en una libertad de la fe que no se aferra a nada sino a Dios.

A. G.