Caminar es saludable

¿Por qué el caminar es capaz de liberarnos de enfermedades y preocupaciones? Al andar estamos continuamente en movimiento, y de ese modo también en nuestro espíritu se movilizan algunas cosas. El movimiento uniforme de los pies, que tocan una y otra vez el suelo y vuelven a levantarse de él, posibilita la descarga de tensiones acumuladas en el cuerpo que a la vez son expresión de conflictos psicológicos. Así pues nos despojamos de la intranquilidad y de las preocupaciones; nos aquietamos y serenamos. Poniendo y levantando los pies del suelo conscientemente se hace salir todo lo que tensiona, paraliza y contamina el cuerpo y también el alma. Luego de caminar nos sentimos interiormente purificados, ordenados. Se ha quitado la basura.

Caminar es saludable en especial para personas de tendencias depresivas. En lugar de cavilar sobre sí mismas, las personas depresivas deberían hacerse al camino y fatigar su cuerpo. Porque a menudo cavilando no se avanza sino que se cae en un círculo vicioso del cual ya no se puede salir más. Al caminar me aventuro más allá de ese círculo vicioso. Ya no me estanco en la cabeza, en los pensamientos y cavilaciones, en los cuales a menudo no me percibo ni siento a mí mismo sino que frecuentemente me coloco a un costado de mí, me observo desde una cierta distancia y así a veces ya no sé más quién soy en absoluto. Al caminar me hago nuevamente uno con mi cuerpo. Siento mi cuerpo, transpiro, siento vida y fuerza en mí. Esa sensación del cuerpo me aparta de la depresión que pretende devorarme. Quien camina no se deja devorar, escapa de la vorágine de los pensamientos que nos infunden temor y se abaten sobre nosotros envolviéndonos como una nube oscura. Así pues los monjes aconsejaban salir a caminar cuando nos acosan pensamientos desagradables, y cuando ya de nada sirve reflexionar sobre ellos.

A. G.