No te obligues a nada

 

Quien se obliga a algo sobre exigiéndose a sí mismo, entorpece su propia felicidad. La mítica figura de Procrustes es todo menos un símbolo de felicidad: Procrustes, aquel salteador de caminos que introducía en su cama a todo caminante que pasara junto a él con el fin de adaptarlo a ese mueble.

A los caminantes demasiado bajos los estiraba con fuerza, a los demasiado altos los cortaba a hachazos. Tanto unos como los otros fallecían a causa de este tratamiento radical. La cama de Procrustes se ha convertido en un dicho: se aplica para aquellos ideales demasiado elevados ante los cuales nos sobre exigimos, con los cuales nos estiramos hasta perder la vida porque ante tanta sobre exigencia finalmente morimos.

Pero también se aplica cuando nos subestimamos, despedazándonos y empequeñeciéndonos constantemente con sentimientos de culpa; esto último es tan perjudicial como un ideal demasiado elevado.

Anselm Grün