Discernimiento

 

El tema del acompañamiento espiritual se ha convertido desde hace algunos años en un tema central de la espiritualidad. En todas partes se ofrecen cursos para “aprender” a acompañar espiritualmente. Muchos buscan un acompañante espiritual que recorra junto a ellos su camino espiritual. Hoy por lo común se desarrolla y expone la labor del acompañante espiritual tomando como referencia los predicadores de ejercicios ignacianos. A san Ignacio de Loyola le interesaba reconocer la voluntad concreta de Dios. Quería llevar a los hombres a que reparasen en las mociones del alma y reconociesen la acción de la gracia, para que así cumpliesen luego obedientemente la voluntad de Dios. San Ignacio tenía en la mira la vocación del hombre en este mundo; para él ésta era siempre una vocación a la acción. Entre los antiguos monjes se habla poco de la voluntad de Dios y de nuestra responsabilidad por este mundo. La pregunta que les preocupa a los monjes es la siguiente: “¿Cómo alcanzar la salvación, cómo salvarme?”. Esto suena en un primer momento muy egoísta. Pero en esa pregunta subyace en definitiva la cuestión de ser hombre. ¿Cómo puedo llegar a ser un hombre cabal, cómo llegar a ser aquel que Dios ha pensado que fuese? ¿Cómo llegar a ser yo mismo?

Naturalmente los monjes tienen siempre presente, como trasfondo, las Sagradas Escrituras, particularmente considerando que en algunos casos las aprendían de memoria. Pero en los consejos que dan a quienes se los piden, casi no hacen referencia a la Biblia. Si en cambio aconsejan con frecuencia prácticas que ponen en marcha el proceso por el cual la persona se puede encontrar a sí misma; ejercicios que confrontan con la verdad al que pide consejo, colocándolo delante de Dios con todos sus pensamientos y sentimientos.

 

A. G.