Necesitamos rituales

 

En la historia del monacato, el sano estilo de vida fue descrito sobre todo por san Benito. Para él, un claro ordenamiento de la vida, del trabajo, de la comunidad y del poder era decisivo para la sanación del hombre. Y si bien Benito previó ese orden sólo para una pequeña comunidad, éste se convirtió en factor ordenador de toda Europa. Las pequeñas comunidades que vivían según dicho orden se convirtieron en fuente de cultura para todo Occidente. Cultura es vida modelada. Si yo modelo mi vida por mí mismo, si le doy una forma que me corresponda y haga bien, sentiré alegría de vivir; tendré la sensación de vivir yo mismo en lugar de ser vivido. Mi estilo es cómo me levanto, cómo comienzo el día, cómo abordo el trabajo, cómo preparo las comidas, cómo concluyo el día. Un sano estilo de vida necesita rituales sanos. Si no reparamos en nuestros rituales, se deslizarán, sin quererlo, rituales que no son sanos, que enferman, por ejemplo, comenzar con prisa el día, devorar el desayuno, llegar siempre tarde, etc. Rituales sanos me ordenan, me regalan la alegría de modelar yo mismo mi vida.

 

Erhart Kästener escribe sobre los ritos que observa en el Monte Athos: “Junto con el afán de ganar el mundo existe un afán innato de modelar siempre las mismas cosas según patrones antiquísimos. En los ritos el alma se siente bien; en ellos tiene sus posadas fijas. Ahí se puede vivir; ahí están dispuestas las escudillas colmadas, las patenas del alma. De ahí sale, hacia ahí regresa; ofrendas acostumbradas, banquete acostumbrado. La cabeza quiere lo nuevo, el corazón quiere siempre lo mismo.

 

Los rituales sanos infunden intimidad, seguridad y claridad a la vida. En ellos se puede vivir; en ellos se está en casa.

 

A. G.