Recibir y dar

 

Quien cura al otro por amor a Dios, no debilita su capacidad de curar sino que echa raíces aún más hondas en la sanación que Dios le regala. Porque no cura para autoafirmarse, sino porque es permeable a Dios quien, a través de él, quiere curar a los hombres.

 

Según Evagrio, el padre espiritual no es en primer lugar psicólogo ni médico, sino mistagogo que guía hacia la contemplación, hacia el encuentro con Dios y hacia la unidad con Dios. El padre espiritual debe transmitir el conocimiento de Dios que haya alcanzado. Eso no mengua su contemplación sino que la ahonda aún más. Así exhorta Evagrio a un sacerdote a no privar a los hombres de conocimiento:

 

“Tú tienes un tesoro y no nos alimentas, sino que nos ocultas tu cántaro. Dinos qué habremos de pensar entonces de lo que está escrito: la sabiduría es un espíritu amigo de los hombres. O cómo se corresponde eso con lo que dice el salmo: el justo se apiada en todo momento y presta… en lo que me concierne, sé que el conocimiento de Dios al alimentar es alimentado, y cuando da, recibe. Por lo tanto parte tu pan de hambriento, y lleva a tu casa al que no tiene techo. El que te concedió el don del sacerdocio te manda que así lo hagas con toda tu alma”.

 

Quien ha recibido el don del conocimiento no debe entonces mirarse sólo a sí mismo, sino que ha recibido de Dios la misión de partirles el pan del conocimiento a los hambrientos y apiadarse de los hombres que tienen anhelos de Dios.

 

A. G.