Despedirse de pensamientos negativos

 

Una mujer cuyo esposo era alcohólico detectó en sí misma sentimientos de odio e incluso sentimientos homicidas en relación con su esposo. Se acusó de ser totalmente mala por haber llegado a pensar tales cosas. Así les sucede a muchas personas que se acusan de tener pensamientos negativos. En ese punto los monjes son más misericordiosos. Dicen que el pensamiento no es malo, que tiene un sentido. Sólo debo descubrir la fuerza que subyace en él. En ese sentimiento de odio hacia el esposo subyace el impulso: “Yo también tengo derecho a vivir. No me dejaré destruir”. Si le doy cauce a ese impulso en mi vida, no necesitaré del odio. El sentimiento de odio que aflora en mí no es malo. Es una señal de alarma que me avisa que le estoy dando a otro demasiado poder sobre mí. Si escucho la señal y actúo en consonancia, ese sentimiento desaparecerá. Si lo reprimo, jamás me veré libre del odio. Y entonces me destruirá. Por lo tanto no somos responsables de los pensamientos que afloran en nosotros, pero sí de cómo procedemos con ellos.

Pero el Abba José nos dice que existen también personas para las cuales sería mejor desechar los pensamientos y sentimientos negativos y no darles cabida en absoluto. Por ejemplo, si advierto que pienso una y otra vez en personas que me han herido, será provechoso prohibirme tales pensamientos. O bien, los pienso realmente a fondo reflexionando sobre cómo reaccionar ante ellos. Los elaboro para poder luego si desecharlos.  Pero si a pesar de todo vuelven a aflorar una y otra vez, no tiene sentido seguir pensando sobre ellos. Sencillamente he de apartarlos, extirparlos.

 

A. G.