Dimensión espiritual del asesoramiento

 

Al dialogar con asesores pedagógicos y matrimoniales durante un curso titulado “Espiritualidad y asesoramiento”, advertí claramente cuán importante es la dimensión espiritual en el asesoramiento. La dimensión espiritual no consiste en asesorar ateniéndome a los parámetros de la Iglesia y defendiendo sus normas morales, sino en señalarle a la gente su dignidad inviolable, en guiarla hacia el espacio al cual las heridas y dificultades de su vida no tienen ningún acceso. Justamente en el asesoramiento matrimonial los asesores topan a menudo con conflictos insolubles. Los cónyuges no adelantan en el plano puramente humano. En tales situaciones, el único camino posible es a menudo indicarle a cada uno el espacio del silencio y la quietud, al cual tampoco el cónyuge tiene acceso, el espacio totalmente salvo, el espacio a donde no llegan las heridas del otro. Esto no es huir de los conflictos sino trasponerlos a otro plano.

El acompañamiento espiritual apuntaría demasiado bajo si sólo fuese un manejo de crisis, si sólo ayudase a abordar mejor los problemas de la vida cotidiana desde el punto de vista psicológico. Según Evagrio Póntico, el acompañamiento espiritual consiste en llevar hacia la contemplación. El camino a la contemplación es también la ayuda más efectiva en el trato con las heridas de la vida. Porque las heridas no tienen entrada al espacio de la contemplación. Allí no pueden atormentarme. Ciertamente continuarán ocupándome en el plano emotivo. Pero en la oración puedo sumergirme una y otra vez en el espacio del silencio y la quietud, donde todo está salvo, todo es íntegro; donde puedo experimentar una profunda paz en medio de todas las heridas y dificultades.

 

A. G.