Confiar en las promesas de Dios

 

En la fe también contemplamos a nuestro prójimo desde el punto de vista de las posibilidades que Dios tiene respecto de cada ser humano. Y contemplamos todo el mundo desde el punto de vista de las promesas de Dios. Así entonces la promesa de paz que leemos en los profetas no será frase hueca, sino que infundirá dinamismo a nuestro anhelo actual de paz. Estamos excesivamente fijados en la actualidad, en la ceguera de los pueblos y en lo absurdo del armamentismo. Nos dejamos inducir, por un sentimiento de impotencia, a acciones que deberían propiciar la paz, pero que a menudo la destruyen aún más.

 

Martin Luther King logró establecer un poco de paz entre negros y blancos porque no estaba fijado en el presente, sino que tenía un sueño, porque vivía fundado en el futuro de Dios y estaba firmemente arraigado en lo que esperaba. No necesitamos crear todo por nosotros mismos, ni en relación con nosotros ni en relación con nuestro mundo. Deberíamos confiar en las promesas de Dios. Dios tiene para con nosotros y nuestro mundo más posibilidades de las que podríamos imaginar. Y en las Sagradas Escrituras nos ha descrito sus posibilidades. Si considerásemos verdaderas sus promesas, viviríamos con mayor libertad. Ya no estaríamos más cautivos en la estrechez del presente; porque en medio de esa estrechez percibiríamos otra realidad y viviríamos fundados en ella, en la promesa de Dios que hace cantar a los prisioneros y anuncia la libertad y paz al mundo. Esto no es huir de la realidad y refugiarse en una Arcadia de promesas divinas, sino vivir de la fe, la cual no se deja engañar por lo fáctico sino que se afirma en lo que esperamos y por lo tanto está libre de la presión de tener que encargarse de todo y hacerlo todo.

 

A. G.