Indicadores de camino en la vida espiritual

 

A menudo los propósitos que tomamos nos sirven como excusa para no tener que cambiar nada en nuestra vida. Ciertamente nos proponemos trabajar sobre nosotros y dar un paso hacia adelante. Pero en realidad nos quedamos quietos. Esos propósitos tranquilizan nuestra conciencia pero no tienen ningún efecto. Un hermano de comunidad opinaba que los propósitos son el medio más seguro para impedirnos poner algo en marcha en nuestra vida. Porque el propósito siempre me precede, está orientado al futuro y no resuelve el presente. Así pues, ante el desafío del momento presente me evado refugiándome en un futuro que aún no compromete. En lugar de tomar muchos propósitos deberíamos ejercitarnos en cosas muy sencillas. Y justamente en este sentido resultan provechosos los discursos interiores positivos.

 

El arte de la vida espiritual consiste en hacer de las pequeñas cosas de la vida diaria una ejercitación en el vivir en la presencia de Dios. De ese modo podremos movilizar cosas en nosotros. Deberíamos entonces preguntarnos con sinceridad: ¿Realmente queremos cambiar algo en nuestra vida, realmente queremos vivir nuestra vida plenamente en presencia de Dios, para Dios y con Dios? ¿O bien queremos seguir como hasta ahora y utilizar nuestros propósitos como excusa para quedarnos quietos donde estamos? Si realmente queremos acercarnos a Dios, existen caminos para alcanzar esa meta. Tendríamos que plantear un programa de cómo ejercitarnos, en pequeños pasos, en el espíritu de Jesús; un programa sencillo y también realizable. Haciendo al menos de una sola rutina diaria una ejercitación en el vivir en la presencia de Dios, se producirá ya un cambio decisivo en nuestra vida.

 

A. G.