“La guerra silenciosa” (*)

Nos están envenenando silenciosamente, contaminando el aire y el agua.
Sin tener otra alternativa, consumimos alimentos, en general, de mala calidad debido a que no existe ningún control en su elaboración y composición; los que podrían ser más naturales producidos en nuestras huertas y granjas se tornan imposibles porque nos están fumigando con productos químicos agrotóxicos de gran poder, cada vez más fuertes y en mayor cantidad.
Hay una ausencia total de límites en su uso, no existen restricciones. Es fácil observar que ya no quedan abejas, ni animalitos de la fauna, se secan las plantas frutales y las huertas no prosperan. Si queda algo susceptible de ser recogido, está contaminado, al ser los agrotóxicos de poder residual y sistémico sus efectos son visibles y patentes.
Sin embargo, la sociedad parece estar ajena a estas consecuencias, solo creemos lo que ellos quieren, su argumento: “forma parte del avance tecnológico”, con lo cual se logrará la revolución productiva… de qué??? Sólo de soja??? Así unos pocos interesados se llevan grandes cifras de dinero por los agroquímicos, sumando a las grandes recaudaciones por retenciones que repartirán quien sabe entre quienes… porque al campo nada vuelve. De hecho ya no nos quedan ni rutas en condiciones de transitar.
Una de las consecuencias más graves y transcendentes son quizás las enfermedades que surgen espontáneamente, y en medio de un contexto donde el sistema de atención a la salud se encuentra colapsado. Si bien la medicina nos puede socorrer y superar algunos problemas, lo cierto es que nuestro organismo responde cada día de acuerdo al alimento que ingerimos, por ello es necesario y urgente que seamos conscientes… No existe ningún derecho que necesite ser más protegido que la salud, nada más caro y valioso que ella.
¿Por qué nos gusta tener un auto de alta gama y ponerle el mejor combustible? ¿Qué le damos de comer a nuestro cuerpo?
Los invito a un ejercicio: imaginarse dentro de un par de años, no muchos, ya que las consecuencias negativas van en aumento, y mirar a su alrededor… ahora respóndanse la siguiente pregunta a conciencia… ¿Cómo cree Ud. que estará el planeta en ese momento? ¿Podrá disfrutar de él sin el agua de buena calidad?
No me gusta lo que imagino… a Ud.? Solo deseo que trabajemos en conjunto para evitar plasmar en hechos todo eso negativo que podemos evitar.
(*) Carlos Borgognoni
Productor agropecuario.
Integrante de Ecos de Saladillo