Propósitos y rituales

 

A veces es útil tomar un propósito concreto al finalizar el tiempo de meditación. De todas maneras muy cauteloso en este punto. En mis primeros años de vida monástica yo mismo experimenté que la meditación se había hecho muy utilitaria, de tal modo que al final de cada meditación debía tomarse un propósito. Pero con esa cantidad de propósitos acabé sobre exigiéndome, ya que sencillamente no podía cumplir tantos. En lugar de “propósito” prefiero decir “ejercitación”. Reflexionen sobre lo que podrían ejercitar, para que la meditación se vuelque a su vida. Al final de las meditaciones sugiero siempre una ejercitación que pretende ayudar a que la realidad de lo experimentado se proyecte sobre la vida diaria.

 

Ocasionalmente se puede tomar al final algún propósito concreto, tal como cambiar algo en la vida de ustedes. Por ejemplo, estructurar de otra manera el día, cambiar el lugar de trabajo, interrumpir o establecer contacto con determinadas personas, acabar finalmente con un conflicto cuya resolución vengo postergando desde hace mucho tiempo.

 

A veces resulta útil realizar un ritual diario que nos recuerde las experiencias de la meditación y oración. Puede ser, por ejemplo, el ritual con el cual comienzan el día, un cierto gesto u oración que durante sus ejercicios espirituales haya cobrado importancia para ustedes. O bien el ritual de escribir un diario. Tales rituales no dependen sólo de nuestra voluntad, que a menudo es inconstante y de escasa resistencia. Los rituales se convierten en una buena costumbre. En ellos Dios puede obrar diariamente en nosotros y llenarnos de su Espíritu, para que nuestra vida cotidiana esté cada vez más colmada de Él.

 

A. G.