Oración incesante

Es el espíritu mismo quien ora en nosotros. No tenemos que empeñarnos en repetir palabras expresa y continuamente. Oración incesante significa confiar en el Espíritu que ora en nosotros. Para san Agustín la oración incesante consiste en establecer contacto con el anhelo que existe en nosotros. Porque en el fondo de nuestro corazón anhelamos a Dios. El Espíritu Santo que intercede por nosotros “con gemidos inefables” (Rm 8, 26), enciende el anhelo que está en nosotros y que muy a menudo olvidamos en medio del trajín de la vida cotidiana. Orar en el Espíritu Santo significa entonces anhelar al Dios del amor, el único capaz de saciar nuestro anhelo. Y hacerlo con todo lo que hay en nosotros. Dice san Agustín: “Si no quieres interrumpir la oración, no interrumpas el anhelo… porque el anhelo es tu oración incesante”. En la medida en que en la oración estemos en contacto con el anhelo de nuestro corazón, sentiremos que no sólo somos hombres de este mundo, sino a la vez hombres del cielo, hombres que ya están en Dios.

En todo lo que hagan procuren tomar contacto con el anhelo de su corazón. Sientan que su corazón se remonta por encima del mundo, anhela a Dios, anhela amor incondicional, hogar definitivo y cobijamiento absoluto. Así entonces estarán orando. No hace falta buscar palabras. Porque los gemidos de su corazón son los gemidos del Espíritu Santo. Es el Espíritu mismo quien ora en ustedes. Sólo deben darle cabida.

Por este camino el Espíritu los introducirá en un amor al Padre plenamente confiado e íntimo. Con Jesús los introducirá en un amor al Padre plenamente confiado e íntimo. Con Jesús pueden decirle al Creador de cielos y tierra: “Abba, Padre querido”. Con Jesús pueden experimentarse hijos e hijas de Dios. Ya no son esclavos. Ya no tienen que observar ley alguna, sino que son libres, liberados para ser hijas e hijos amados de Dios. Ésa es la vida verdadera.

A. G.