Qué es real?

 

La cuestión de los sueños en el camino espiritual es, en primer lugar, una cuestión de qué es la realidad en absoluto. ¿Qué es real? Los filósofos han venido discutiendo desde siempre sobre este interrogante. ¿Podemos conocer cabalmente la realidad o sólo vemos una apariencia de ella? ¿Qué es real, el mundo de las ideas o el de la materia, el mundo que podemos palpar? La metafísica nos dice que Dios es la realidad verdadera y nosotros somos reales sólo en la medida en que participemos del ser de Dios. Si observamos cómo se verifica este axioma de la metafísica en nuestra vida, descubriremos que prácticamente no vivimos de acuerdo con él. Lo comprendemos en el plano teórico pero, en nuestra visión concreta de lo que es realidad, real es lo que hacemos nosotros mismos. Nos colocamos en el centro de nuestra realidad. Trabajamos, comemos, pensamos, sentimos, planificamos y modelamos todo lo que nos rodea. Dios sólo ocupa un lugar al margen,  sólo en la medida en que se lo concedamos. Modelamos también nuestra vida espiritual, damos forma a nuestra oración. En esta área le permitimos a Dios irrumpir en nuestra vida, pero también allí somos nosotros los directores que le asignan a Dios el papel que ha de desempeñar. En el fondo se trata de una realidad muy ajena de Dios. Nosotros somos los dueños y Dios ha sido puesto a un lado. Aun cuando seamos personas devotas, en el centro estamos nosotros y nuestras acciones devotas, y no Dios.

Frente a esta realidad profana de nuestra vida, el sueño nos señala otra realidad espiritual. Si somos consecuentes con la metafísica, entonces Dios es la realidad verdadera y nosotros somos reales sólo en la medida en que tengamos parte en Él. San Agustín dice que Dios está más cerca de nosotros de lo que lo estamos nosotros mismos. Porque nos hemos hecho extraños a nosotros mismos. Vivimos en una realidad no solamente ajena de Dios, sino ajena del yo, de uno mismo. En los sueños irrumpe la realidad espiritual en nuestra vida. En este sentido se ha dicho en un principio que los sueños no son más irreales que aquello que percibimos en el plano consciente.

 

A. G.