Advertido por los sueños

A menudo soñamos que llegamos demasiado tarde; demasiado tarde para tomar el tren o para participar de un evento. Esta es una imagen de que en la vida llegamos demasiado tarde, de que perdemos el tren correcto porque nos aferramos demasiado al pasado, porque pretendemos llevar con nosotros demasiadas cosas viejas. O también soñamos que hemos olvidado nuestra maleta. Podemos preguntarnos entonces qué nos falta para nuestro camino interior, qué elementos importantes para el viaje no hemos tomado con nosotros. Puede ser el silencio que necesitamos, la oración, la gracia de Dios que dejamos de lado. Puede tratarse asimismo de fuerzas y capacidades importantes cuyo desarrollo en nosotros hemos descuidado. Si olvidamos el dinero, eso quizás indique que nos falta la energía necesaria, nos falta una cualidad personal que necesitamos a toda costa para nuestro viaje. A menudo soñamos que llegamos demasiado tarde porque no reparamos en el tiempo, en el presente. O subimos al tren equivocado. Difícilmente el sueño pueda decirnos con mayor claridad que tenemos que ver cuál es nuestro camino. ¿Dónde perdimos el enlace? ¿Dónde corremos peligro de tomar un camino falso, de errar el tiro? Si luego de un sueño de esa índole hacemos un examen de conciencia, descubriremos en nosotros muchas cosas que sin el sueño nos habrían quedado ocultas. El sueño es la llave que le abre a nuestra mente racional la puerta que lleva a ese aposento que refleja de la manera más pura nuestra situación actual.

A menudo se sueña con exámenes; y no sólo en tiempos de exámenes ligados a la escuela o la labor profesional. Esos sueños indican siempre que en nuestra vida tenemos que aprobar un examen. Cavilamos sobre problemas que tenemos que resolver en nuestra actual escuela de vida. Deberíamos meditar sobre esos sueños relacionados con la escuela, para detectar cuál es hoy nuestro problema que resolver y dónde hemos de trabajar sobre nosotros mismos para salir airosos de la prueba que Dios nos plantea.

 

A. G.