La idea rectora de mi vida

Elías es modelo de profetas. Es el profeta más grande del Antiguo Testamento, un hombre de fuego. Elías nos muestra que también nosotros tenemos una vocación profética. Si en la oración nos hemos abierto a Dios, descubriremos la misión para la cual Dios nos ha escogido. Cada ser humano puede resplandecer a través de él. Cada ser humano tiene una palabra que decir con su vida, que sólo puede resonar a través de él. En los ejercicios espirituales hemos de reconocer nuestra vocación personal, nuestra misión profética, a fin de vivirla auténticamente.

Los invito a realizar el siguiente ejercicio: imagínense que están por morir. ¿A qué persona les gustaría escribir en esos momentos? Escriban una carta en la cual le digan a esa persona lo que ustedes procuraron transmitir en su vida, lo que debería ser el verdadero mensaje de su vida.

No se asusten por las frases grandilocuentes. Jamás viviremos a fondo lo que anhelamos en lo más hondo de nuestro corazón. Sin embargo haremos bien en meditar para qué abordamos las tareas, cuál es la idea rectora de nuestra vida. ¿Para qué me levanto cada mañana, para qué soporto todas las inclemencias de la vida? ¿Por qué me esfuerzo? ¿Qué quiero transmitirles a los demás en cada encuentro? ¿Cuál es la motivación más profunda de mi vida? ¿Qué últimas palabras, qué testamento quiero dejarles a los hombres? Conserven esa carta para que de cuando en cuando les haga tomar conciencia de cuál es su misión profética hoy en este mundo, cuál es el mensaje más hondo de su corazón, qué es lo que quieren transmitirles a los demás con toda su vida.

A. G.