Experimentar la resurrección

 
Los ejercicios espirituales nos quieren ejercitar en una nueva manera de ver las cosas con la cual asumir la vida cotidiana. Nos quieren regalar nuevos ojos para que en todo lo que hagamos descubramos a Cristo como aquel que entra en nuestra vida y con la calidez de su presencia transforma nuestra mañana gris; como aquel que también está en el umbral de la eternidad esperándonos en un día que ya no tendrá más ocaso.

 
Así pues en la meditación repasen concretamente su vida cotidiana. Comiencen por la mañana, cuando suena el despertador, y recorran hora tras hora. Se lavan, se visten, rezan, desayunan y van al trabajo. Imagínense que en cada momento el Resucitado está con ustedes. Repítanse en cada situación: “Es el Señor”.

 
Quizás descubran con asombro cómo ustedes viven comúnmente sin vinculación con Cristo, cómo la vida cotidiana sigue su propio camino. Pero si ustedes hacen todo con atención y a conciencia, recordando la presencia de Cristo, entonces su vida cotidiana se transformará.

 
La resurrección no es algo extraño e incomprensible. Todos pueden experimentar en su vida lo que significa resurrección. No se trata de discutir si la tumba de Cristo estaba vacía o no. Se trata más bien de creer que hoy el Resucitado me quiere poner de pie, que la resurrección se hace hoy realidad para mí, cuando resurjo de mis miedos, cuando me animo a entablar una conversación aplazada desde hace mucho, cuando salgo de la estrechez de una relación que ha dejado de ser correcta, cuando resurjo de la tumba de mi autocompasión, cuando me pongo de pie y defiendo mi causa porque Cristo el Resucitado está junto a mí.
A. G.